Veníamos siendo informados de un concierto que el propio Julio Castejón anunciaba como “distinto” y, en cierto modo, así fue.
Para alguien que acumula tanta obra, tantas canciones, elegir el repertorio debe suponer cierta dificultad: está lo que el público espera escuchar y, por otro lado, lo que al músico más le apetece interpretar.
Nada de esto es nuevo; le sucede a cualquiera con una amplia trayectoria. Al final, el artista —también intérprete— se siente en deuda con su público, que siempre espera que suenen aquellas piezas que guarda unidas a sus recuerdos; es decir, las que en su día tuvieron mayor relevancia.Castejón advirtió que este concierto estaría basado, de alguna manera, en temas poco habituales. Muchos interpretamos que serían, sobre todo, piezas de sus discos en solitario —siete, a saber—.
Y, en gran medida, así fue; aunque también sonaron canciones de su autoría registradas en discos de Asfalto; eso sí, piezas poco frecuentes en los setlist de sus últimos directos. Quienes acudimos agradecimos que fuera así.
Vimos a un Julio feliz sobre el escenario, en un concierto muy orgánico, donde todo lo que sonaba se ejecutaba con un plus de emoción. La Yeisi —como Julio llama a la banda en la que se integra como uno más— estuvo espléndida y, pese a no prodigarse mucho, se la vio engrasada y pulcra. Excelente sonido el de ReviLive.
En los bises, Julio no dejó de tener un detalle con la nostalgia de quienes le siguen desde siempre, y nos regaló hermosas interpretaciones basadas en los clásicos del primer álbum de Asfalto, culminando con su particular homenaje a los “años de rock and roll”: un broche final perfecto.
GAM




